Escribir y Gustar

El ambiente tenso, el sol penetra por la ventana y acelera el recorrido del sudor por la frente joven de este complicado hombrecito, el tiempo apremia y la tarea no es sencilla. Debe presentar su nota antes del cierre de la edición del diario. Escribir y gustar es la necesidad, la responsabilidad lo agobia, lo presiona, no lo deja ni un segundo.
Al final empieza a salpicar la hoja con ideas y se va aflojando... y de nuevo aparece ese maldito zumbido que le atormenta el oído y le exprime cerebro, escribir y gustar, conformar, contar lo sucedido con un límite de tiempo y lugar. Aumenta el pulso, se acelera la respiración. La sensación de que no va a poder terminar gana la escena y el pequeño lugar se vuelve un caos.
Y empieza de nuevo, esta vez tiene la idea en la cabeza, “seguro que esto conforma al jefe” piensa casi en voz alta, pero luego se da cuenta que es simplemente una vaga construcción, que además de poco clara es mediocre, la inseguridad y la impaciencia reinan nuevamente. El sol ya es insoportable, la barba sudada, la camisa desprendida y el pelo enmarañado de tanto tire y afloje, la botella seca extiende la sed y el reloj que ni siquiera marca la hora. Es un caos.
"¿Por qué, por qué?" Grita, esperando algo que nunca escuchara y el perro se para de su lado y corre asustado por el sonido de la respiración cada vez mas pesada.
Escribir y gustar, y gustar, encantar, enamorar y satisfacer, ser preciso pero no escaso, describir pero no ser tedioso y sobre todo gustar.
Se decide y escribe lo que piensa, se expresa, siente que va bien, esta casi terminado. Es un desahogo, una descarga del maldito sentimiento, toma forma, el sol se aleja y ya ni siquiera tiene sed.
Con el asunto acabado y una sonrisa en la cara relee el mensaje, lo guarda para luego mandarlo a la redacción. Abre y cierra ventanas y lo envía de una vez.
El pecho inflado y el perro al lado mejoran lo que antes había sido inmejorable.
Decidido a ir a descansar, se levanta, mientras se acomoda el pelo y se abrocha la camisa; cuando de repente una pequeña ventana se asoma, repentina, en la pantalla de su computadora avisándole que tenía un correo entrante. Es del jefe de redacción y le avisa que el artículo es, en su totalidad, erróneo: carece de creatividad, y otras tantas cosas.
No lo puede creer, de nuevo está donde empezó, pero con el agregado de
que ahora el tiempo corre más rápido y entonces convierte la atmósfera en una insoportable rueda que no para de girar. Otra vez, agudo y penetrante, el zumbido. Escribir y gustar y gustar...
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